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Deseos del corazón

Me gusta la lluvia, dijo el sapito. Quisiera que lloviera todo el día, todos los días.

En eso, pasó misteriosamente una nube mágica que solo pasa cuando alguien expresa un deseo de lo más profundo de su corazón. Esta nube concede los deseos de ese tipo.

Así que empezó a llover todo el día, todos los días.

Al principio nuestro sapito estaba encantado, tanta lluvia hizo que el charco se volviera estanque, y el estanque lago y el lago, río, y el río océano y pronto toda la tierra era agua, no había un pedacito de tierra firme.

Todos empezaron a vivir en barcos, lanchas, canoas y sólo los picos más altos de las montañas quedaban para contemplar el diluvio que se produjo por el deseo más profundo de un pequeño sapito.

Pero hasta sapito deseaba descansar en la orilla de un charquito. Sus ojitos ahora solo alcanzaban a contemplar un horizonte acuoso. Así que suspiró un gran suspiro, bueno, un suspirito de su tamañito, pero fue hondo y sincero y la nube mágica no tuvo que adivinar, sino que supo que el deseo de su corazón había cambiado. No más lluvia por favor, deja que salga el sol. Y el sol, que se había ido de vacaciones oyó que lo llamaban, y como el sol es muy responsable y diario sale a trabajar, pues se asomó por entre las nubes y empezó con sus rayos a recoger tanta y tanta agua, hasta que el sapito pudo descansar en la orilla de su charquito.

Bueno, pensó, que llueva pero que no deje de salir el sol.

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El abrazo

Hoy te quiero dar un abrazo,

hoy que no puedo, aquí dentro del encierro

nos dijeron que los abrazos matan

la cercanía mata

hay que quedarnos lejos

por eso quiero darte un abrazo

aquí inventado con palabras sin cubrebocas

es un abrazo inventado porque mis brazos no te tocan

ni siquiera te veo

no sé si sigas ahí

tampoco tú sabes si yo sigo aquí

son solo las palabras las que te alcanzan

por eso escojo las palabras más salvajes, más atrevidas, más locas (amor, extrañeza, soledad, desesperación)

para lanzarlas al espacio a ver si te alcanzan

y si es así que te envuelvan

cada letra te roce, te acaricie, te consuele

te abrazo fuerte, como la enredadera de invierno, sin hojas, ya seca

pero con palabras frescas, de primavera,

que retoñan

con la esperanza de un abrazo sin palabras

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Las letras locas

Has pensado que las letras están todas locas? Yo sí y te voy a contar por qué.

Las letras son trazos en papel o en cualquier material, o en la compu. Las letras no son sonidos, pero cuando las vemos no las vemos a ellas, vemos los sonidos que ellas atraparon con su magia loca. Ellas eran solamente dibujitos mudos cuando se les ocurrió que si soplaban como el viento las personas las podrían oír.

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La araña sin patas

¿Qué piensas del título? ¿Tienes alguna experiencia con arañas, te gustan, sientes fobia, a lo mejor terror?

Mi gato siente fascinación, es parte de su condición de gato. A los gatos les gustan las arañas, en realidad, cualquier cosa que se mueva. Tú puedes mover un cordón y ellos lo seguirán. Una pelota, una hormiga, una cochinilla. Un pájaro. De hecho, creo que los pájaros son sus predilectos. No los ratones. como se piensa generalmente.

El verlos volar fascina su cabeza de gato. Piensan que ellos también pueden volar. Se frustran porque no vuelan, no porque no puedan. Algo así. Hay mucha especulación en torno a esto. Todo lo que se piensa de la mente de los animales es un invento de la gente, un constructo. Un día a alguien se le ocurrió decir que su gato lo quería mucho y la idea se extendió más rápido que un meme viral. Es cuestión de envidia. La envidia es como la pólvora, se riega y prende. Solo basta decir que acabas de comprar algo, cuando toda tu cuadra ya se enteró. Es el mismo caso con el amor. Si su gato o perro lo ama, el mío me ama más. Es así, no importa que en la cabeza del animalito no quepan esas cursilerías. De hecho, ellos son mucho más prácticos. Quieren su plato lleno, no a medio llenar. Te usan de calefacción, o usan tu teclado para el mismo efecto, o el televisor, o cualquier cosa que despida calorcito, ¡ja! tú creías que eras especial para tu gato… bueno, de alguna manera sí lo eres, algo siente por ti, pero, especificamente qué, nadie lo sabe. Es otro idioma, otro y punto. Ah, te preguntas acerca de los ronroneos, sí, es muy agradable que el susodicho bigotón emita esas vibraciones, sucumbimos a sus encantos. Prrr, me encantaría que ronroneara sobre mí a cada momento. Bien, el ronroneo casi se puede asegurar que proviene de la satisfacción que siente, le agradas, sí. Y se sabe amado, idolatrado. ¿A lo mejor algo de narcisismo? jaja, no pude evitar reirme, pero no, tu gato, los gatos, mi gato no son seres narcisistas, simplemente son encantadores, sépanlo o no.

Bien, les encantan todos los bichos que se mueven, matarían porque siempre algo se moviera; de hecho, matan.

Y así acaba esta escueta disertación sobre los gatos, en el momento en que mi gata vio a una araña, enorme, por cierto. ¿Venenosa? no lo puedo asegurar. En realidad, yo no la vi. Fue mi hija quien pudo apreciar cómo de un bocado engullía a la araña y como en un acto de magia se le desprendían las ocho patas del cuerpo y pese a ya no estar adheridas se siguieron moviendo por muchos segundos ante los ojos desconcertados de ambas.

Fue verdaderamente espeluznante.

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El gato y el teclado

Sabía que tarde o temprano me sentaría a escribir. Lo estuve postergando toda la semana, me distraía con la más mínima cosa, la mosca que voló, papaaloteando moscas (siempre quise escribir papaloteando). El gato con su mirada lastimera que yo interpretaba como: “humana, qué te pasa, no hemos jugado desde hace quince minutos” y entonces, con la carga moral, el arrepentimiento, si el gato sufre daño emocional, ciertamente es por falta de atención de mi parte; así que dejaba a un lado mi intención de escribir. Porque, qué es un escritor que no escribe, definitivamente un noescritor. Seré yo entonces una noescritora, sí, algo hay de eso. Pero también la idea, las ideas van brotando, la mayoría son magníficas, prolíficas, originales, pero acaba pasando lo de siempre, por no escribirlas se escapan, al vuelo, veo como se alejan y de pronto son solo un punto tan chiquito, me acerco al punto pensando que nuevamente veré todo lo qué contiene, y no, ya no hay nada adentro, el punto se volvió un hoyo negro que se engulló todo, mis ideas brillantes simplemente dejaron de existir, y si dejaron de existir son como la nada, y la nada no existe, es una idea que contiene todo lo que nadie ha podido explicar y todo esto en medio de la pandemia que probablemente nos ha afectado, qué digo, probablemente cuando es seguro que nos ha afectado, sí, eso es seguro, como que el gato que me distrae se mantiene quieto, entonces sé que el momento de escribir ha llegado, ya no hay excusas ni distracciones, entonces a parte de que la idea se ha escabullido, a parte de que estoy en blanco, y que ese blanco es diferente que el vacío, que la nada, volteo a ver al gato, suplicante: “por favor, sé mi distractor, sé mi excusa para no escribir”, pero el malvado posa impasible su mirada, de pronto ya no le interesa jugar conmigo, ahora me observa cual mi consciencia, se le escapa un maullido que no significa nada, parece que es porque quiere ir al baño, oigo como rasca la arena, y cuando siento que llega la inspiración, que la idea genial se va a apoderar de mi ser, como el espíritu del médium, siento al sigiloso gato pegar un brinco encima del teclado y él es quien escribe micucfbhfñaarsosgjbvji….

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Tomemos té

Uno pensaría que para extraer el sabor del té hay que dejarlo hervir en agua. Yo afirmo que el té, la hierba no necesita someterse al hervor. Tan solo debe permanecer en el agua; gradualmente, con timidez, irá dejando su sabor, irá impregnándola con su esencia. Puede ser menta, hierbabuena, toronjil o una flor como la lavanda, la manzanilla y tantas otras hierbas que no pretendo enumerar, pero no puedo omitir a la que le dio el nombre, la camelia sinensis, té negro o té verde… ésta es la verdadera reina.

Y qué otro refinamiento que verter el agua perfumada en unas tazas de cerámica, o si el bolsillo lo permite en unas de porcelana, tan delgadas que dirán que exagero, el sabor cambia, se hace más exquisito, aunque yo jamás despreciaría, si el caso así se presentara, tomar en unas tazas de barro gruesas, ah, pero eso sí, la experiencia sería distinta, muy distinta me atrevería a decir, algo rústica y quizá primitiva, pero sin perder del todo el encanto. Porque es eso: un encanto, un encantamiento. El líquido vaporoso hará entrecerrar a los ojos y la ensoñación se apoderará del tomador de té. La vida será más leve, y las tribulaciones perderán peso. Al terminar el último sorbo las penas se disiparán y al abrir de par en par los ojos la luz que ilumina al mundo nos bañará a todos con justicia.

Fiat Lux y el té se hizo…

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Errar por ahí que no es lo mismo que errar

Curioso que errar  o vagar también signifique equivocarse. Vivimos errando en ambos sentidos, porque ningún camino que tomamos es el correcto, siempre es el equivocado, entonces podemos errar con libertad. Te invito a convertirte en vagabundo, en trotamundo, ir saltando sin preocupación por el parque. Bien lo decía mi maestro, la vida es una feria de cinco días, (la verdad no me acuerdo de cuántos días) por eso, no vale la pena tomarse nada en serio. Subimos a la rueda de la fortuna, vemos todo desde arriba, sí, pero por cuánto tiempo, ni siquiera es divertido quedarse arriba para siempre. Así que la vida se encarga de bajarnos al ras del suelo, a veces aún más profundamente. Nos toca conocer las entrañas de la tierra. El mundo donde no hay luz, ir a tientas por las tinieblas. Así, desarrollamos el poder de la vista sin ojos. La visión interior.

Quiero invitarte a unirte al Club de los Errantes, de los vagabundos. Puedes ser miembro con solo decidirte a caminar sin rumbo cada día, física o mentalmente. En este club tú decides tu horario y tu estilo de ir por ahí.

Me encantaría saber de ti. De tu experiencia de caminar libre, sin expectativas y sin metas, sin rumbo y sin razón.

Te recomiendo The wander society, de Keri Smith

 

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Los rollos de papel

Empecé a juntar rollos de papel de baño con la idea de usarlos para un proyecto de arte. Lo cierto es que se fueron acumulando y nada de empezar . Veía con fascinación cómo crecían en número, como si se reprodujeran. Una parálisis me invadía y ni siquiera podía levantarlos para sacudir el lugar donde empecé a guardarlos. Los veía con su color de papel estraza y no había en mí ni un dejo de intención, de movimiento. Era como si sufriera un hechizo. Su color apagado y algún vestigio de papel todavía pegado alrededor de uno que otro me hipnotizaba.

-Tengo que empezar, lo difícil es eso.

Cuantos rollos, eso significa mucha caca..

 

Eso fue lo último que recuerdo que dije.

Ahora solo pienso al verlos: mucha caca.

Me tuve que mudar, ya no cupe dentro de mi casa.

Trabajo para ir llenando de rollos de papel las casas que tengo que dejar una vez que se llenan de rollos.

¡Cuando por fin empiece la obra será monumental!

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La visita al baño

Cada vez que entraba al baño no podía evitar ver el cadáver de una cucaracha, se encontraba al lado de la puerta, en la esquina, era cuando cerrabas la puerta que su brillante torax se veía como una gema. Llevaba días y no perdía su brillo, yo la contemplaba con cierto horror, que me impedía deshacerme de ella, entonces creía verla mover, a penas unos milímetros, pero tampoco estaba segura. Al salir del baño, la olvidaba por completo hasta que inevitablemente regresaba. Al baño es inevitable regresar. No podemos proponernos lo contrario. Ya adentro intentaba armarme de valor y deshacerme del cadáver, pero rapidamente borraba la intención y mejor me apuraba a salir. Creía que al día siguiente ya no estaría, que el encargado de la limpieza, eso haría. Pero no, seguía ahí. Ahora se veía más grande. ¿Era eso posible? ¿Era la misma? ¿Era otra? todas estas preguntas se arremolinaban en mi cabeza. Ya no quería regresar al baño. Pero cuando tienes que ir, la necesidad gana. Abrí la puerta y allí estaba ¡sentada en el baño!

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Mis palabras favoritas I

Hay tantas palabras que me gustan, tantas tantas, todas cantan, todas brincan; me gustan las letras, las altas, las bajas, forman paisajes, poemas, canciones, cartas, algunas enviadas, otras que esperan en los cajones.

Mis palabras favoritas son tantas que abarcan casi el diccionario, y como no voy a escribir ni a reescribir el diccionario tendré que hacer una selección. Ay, que triste estoy de tener que hacer una selección. Esto implica dejar a muchas, así que primero pondré:

Perdón, perdón por no mencionarte, perdón por olvidarte, perdón por no conocerte…
Tristeza, porque al decirte traes contigo de la mano las
Lágrimas, que se derraman, lágrimas que se contienen, lágrimas que se combinan con la
Lluvia, tan hermosa, tan necesaria, tan agua y tan húmeda

Por hoy, eso es todo, pero seguiré…